viernes, 30 de octubre de 2026

Madame du Barbie: una reina también tiene revés

Hay muñecas que caben en una vitrina y otras que, en cuanto las colocas, convierten la vitrina en su palacio. Madame du Barbie pertenece claramente al segundo grupo. Basta mirar la fotografía: ella ocupa el centro, abre los brazos y las demás parecen haberse quedado esperando una audiencia. ¡Y eso que sus vecinas tampoco van precisamente en chándal!

Madame du Barbie de Bob Mackie con vestido azul hielo y plateado, en la vitrina de mi colección.
Madame du Barbie, por Bob Mackie. Imagen de apertura retocada con IA a partir de mi fotografía. Las imágenes de detalle que acompañan el texto son las originales.

Con semejante despliegue, lo fácil sería dedicarle una entrada al vestido. Pero hoy quiero acercarme un poco más. Mirarle la cara, perderme en los bordados, asomarme bajo la falda y, sobre todo, darle la vuelta. Porque esta señora tiene mucho que contar por detrás.

Diseñada por Bob Mackie y lanzada en 1997, Madame du Barbie lleva la fantasía de la corte francesa a ese terreno donde nuestra rubia se encuentra tan cómoda: el de poder serlo todo sin tener que dar demasiadas explicaciones. El azul hielo, la plata, los destellos malva, el volumen de la falda… Aquí no hay ninguna intención de pasar desapercibida. Y a mí me parece estupendo. Ya habrá ocasión de vestir algo discreto. Hoy, desde luego, no.

Sin embargo, cuando te acercas al rostro, el vestido deja de mandar durante un momento. Los ojos azules, la sombra lavanda, los labios rosados y esos dos pequeños lunares le dan una expresión muy particular. Yo le veo cierto aire de estar divirtiéndose con todo el asunto. Como si supiera que el peinado casi toca el techo y pensara: «Pues habrá que subir el techo». ¡Cualquiera le propone que se quite el tocado!

Primer plano del rostro original de Madame du Barbie: ojos azules, maquillaje lavanda, dos lunares y gran recogido rubio.
Dos lunares, una sonrisa y un peinado con sus propias exigencias de espacio.

El primer plano del vestido también merece su tiempo. A distancia vemos brillo; de cerca aparecen las pequeñas cuentas tubulares, las lentejuelas, los hilos que dibujan curvas y la retícula de rombos sobre la falda. Los colores se mezclan sin que ninguno termine de imponerse. Hay zonas que parecen azules, otras plateadas y otras casi rosas. Uno empieza siguiendo un bordado y acaba en el siguiente. Así es difícil terminar de hacer fotos.

Detalle de los bordados, lentejuelas y pequeñas cuentas malva y plateadas del vestido.
El vestido de cerca: cuentas, lentejuelas, bordados y reflejos que la vista general apenas deja adivinar.

Esto es algo que me gusta del coleccionismo: poder detenerme en una cosa tan pequeña sin tener que justificar el rato que le dedico. A quien no le interesen las muñecas le bastará con decir que es bonita. Nosotros podemos quedarnos discutiendo sobre una manga, un molde de zapato o el tono exacto de una sombra de ojos. Y tan felices. ¿Te reconoces?

Ahora viene una de mis fotografías preferidas de esta serie. Bajo todo ese aparato de corte aparecen las medias blancas y unos zapatos azul claro, con su tacón, rodeados de capas de tul. ¡Ahí están los pies de Su Excelencia! Tan escondidos que podríamos pasar años viendo la muñeca de frente sin acordarnos de ellos.

Zapatos de tacón azul claro y medias blancas de Madame du Barbie, entre las capas de tul bajo el vestido.
Los zapatos también forman parte del espectáculo, aunque casi nunca les toque salir a saludar.

Me hace gracia que una muñeca capaz de adueñarse de toda la balda guarde debajo unos zapatos tan pequeños. El vestido ocupa muchísimo espacio; los pies, apenas nada. Y, aun así, el conjunto sigue hasta ahí. No termina donde se acaba nuestra primera mirada.

Pero el detalle que quería dejar para el final es el reverso del gran adorno que enmarca la cabeza. Por delante, las lentejuelas se llevan casi toda nuestra atención. Al darle la vuelta se distinguen de otra manera las espirales, los contornos bordados, el tejido y el tul. El dibujo continúa. Hay una cara de esta muñeca que suele quedarse mirando hacia el fondo de la vitrina, trabajando en silencio para que la otra se lleve los elogios.

Reverso del adorno que rodea la cabeza de Madame du Barbie, con espirales bordadas, tejido plateado y tul.
El reverso: la parte de la fantasía que habitualmente mira hacia la pared.

Y aquí es donde una muñeca termina llevándome a pensar en nosotros. Elegimos el mejor ángulo, nos colocamos bien la ropa, procuramos que en la fotografía salga lo que queremos enseñar. Detrás quedan las costuras, los arreglos y todo lo que ha hecho falta para presentarnos así. Quizá por eso me gusta esta última imagen: permite entender un poco mejor cómo está hecha la belleza que tenemos delante.

Guardar una colección tiene algo de paradójico. Queremos proteger tanto nuestras muñecas que corremos el riesgo de dejar de mirarlas de verdad. Sabemos que están ahí, conocemos sus nombres, recordamos su lugar en la estantería. Pero todavía queda un zapato entre el tul, un bordado al dorso, una expresión que cambia cuando acercamos la cámara. A veces, para disfrutar de una colección, basta con volver a prestar atención a una de las que ya tenemos.

Madame seguirá presidiendo su pequeño palacio. Eso sí, después de estas fotos, su público ya conoce el otro lado del tocado y el secreto de sus zapatos. Espero que nos perdone la confianza.

Y tú, ¿qué detalle de una muñeca de tu colección enseñarías a alguien que solo se ha fijado en lo bonita que es?

La muñeca de esta entrada
Madame du Barbie · Bob Mackie · Mattel · 1997 · Referencia 17934.
Año y referencia: catálogo de series de colección de Mattel.
Colección y fotografías: José Luis Montesdeoca · Elblogdeken.
Ver la fotografía original de la portada
Fotografía original sin retoque de Madame du Barbie en la vitrina.
Fotografía original de la que parte la imagen de apertura.

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