El final de la década de los setenta fue frenético para la juguetera Mattel y sobre todo, para su producto estrella: Barbie. Comenzaba así la era Súper Star, que supondría un ingente rediseño de todas las líneas de la rubia más famosa de la casa y por ende, la propuesta de un nuevo lifestyle. Se esculpió un nuevo molde de cara, sonriente y de ojos grandes, se planificó un nuevo cuerpo con mayor movilidad y característicos brazos doblados, se encargó todo un nuevo fondo de armario al más puro estilo del american life de finales de los años setenta y principios de los ochenta: nuevos coches, casas... todo para acometer la mayor expansión en ventas que jamás tuviera Barbie y que la convertiría en esos años, en la reina indiscutible de ventas mundiales y en un icono pop de referencia.
Pero no todo fueron éxitos, en 1977, y dentro de esta campaña de expansión y renovación de la marca, Mattel diseñó sú única muñeca Barbie de 18¨, considerablemente de mayor tamaño que su homónima original. Y, a pesar de las altas expectativas puestas inicialmente en este producto, como competidor de otras muñecas del mismo tamaño exitosas en aquellos años,-recuérdese en España el caso de Nancy-, la historia de esta gigantona rubia no pasó más allá de los 3 años de vida y con una producción y venta distribución casi exclusiva en USA y Alemania. No es de extrañar que sean pocos los afortunados en contar en sus colecciones con esta especial pieza, y tampoco que todo lo que se hable de ella sea siempre, ¡a lo grande!
