Hay muñecas que caben en una vitrina y otras que, en cuanto las colocas, convierten la vitrina en su palacio. Madame du Barbie pertenece claramente al segundo grupo. Basta mirar la fotografía: ella ocupa el centro, abre los brazos y las demás parecen haberse quedado esperando una audiencia. ¡Y eso que sus vecinas tampoco van precisamente en chándal!

Con semejante despliegue, lo fácil sería dedicarle una entrada al vestido. Pero hoy quiero acercarme un poco más. Mirarle la cara, perderme en los bordados, asomarme bajo la falda y, sobre todo, darle la vuelta. Porque esta señora tiene mucho que contar por detrás.

